La edad no es un currículum: el problema de convertir a Piaget en una regla escolar

Serie: Desmitificando héroes

“Eso todavía no corresponde a su edad.” “Es muy chico para aprenderlo.” “Eso recién se ve el año que viene.” Son frases tan habituales en educación que muchas veces las aceptamos sin cuestionarlas.

Detrás de ellas aparece una idea muy instalada: a determinadas edades corresponderían determinados aprendizajes y, hasta llegar a ese momento, habría contenidos para los cuales un niño tendría que esperar. Parte de esta manera de pensar la infancia estuvo influida por las teorías de Jean Piaget y sus etapas del desarrollo cognitivo.

Piaget hizo aportes fundamentales para comprender cómo aprenden los niños. El problema aparece cuando una teoría pensada para describir tendencias del desarrollo termina convertida en una regla sobre lo que se puede enseñar a cada edad.

¿Qué propuso Piaget?

Piaget entendía al niño como un participante activo en la construcción de su conocimiento. A partir de sus investigaciones describió cuatro grandes períodos del desarrollo cognitivo:

  • sensoriomotor, aproximadamente hasta los 2 años;
  • preoperatorio, entre los 2 y los 7;
  • operaciones concretas, entre los 7 y los 11;
  • operaciones formales, desde los 11 o 12 años.

Las edades eran aproximadas y Piaget reconocía variaciones entre individuos. Sin embargo, con el tiempo estas etapas tuvieron una enorme influencia sobre la manera de organizar expectativas educativas.

Así aparecieron ideas que todavía escuchamos: “para su edad tendría que poder hacer esto”, “todavía es muy chico para aquello” o “ese razonamiento corresponde a una etapa posterior”.

Los chicos reales son mucho menos ordenados

Dos chicos de ocho años pueden tener conocimientos, capacidades, intereses y experiencias completamente diferentes. Incluso dentro de una misma persona pueden existir diferencias enormes entre áreas.

Un chico puede comprender conceptos matemáticos complejos y necesitar más tiempo para escribir. Otro puede tener un vocabulario muy avanzado y encontrar dificultades en tareas que requieren organización. También puede comprender fenómenos científicos considerados “para más grandes” mientras continúa desarrollando habilidades que el programa ubica en años anteriores.

La investigación posterior a Piaget mostró justamente una mayor variabilidad de la que proponían las interpretaciones más rígidas de sus estadios. Algunas capacidades pueden aparecer antes o después y el desempeño cambia según la experiencia, el contexto, los conocimientos previos y la forma en que se presenta una actividad.

Esto tiene una consecuencia educativa importante: la edad puede servir como referencia general, pero ofrece poca información sobre lo que un estudiante concreto está preparado para aprender.

A veces el problema está en cómo evaluamos

Algunas investigaciones posteriores también mostraron que Piaget probablemente había subestimado ciertas capacidades infantiles. Cuando se modificaron las consignas o la manera de presentar algunas tareas, niños más pequeños pudieron demostrar habilidades que originalmente se consideraban propias de etapas posteriores.

En educación ocurre algo parecido con frecuencia. Un estudiante no resuelve una actividad y rápidamente concluimos que todavía no comprende el concepto, aunque la dificultad puede estar en la consigna, el formato, la explicación o los conocimientos previos que la tarea requiere.

Cambiar la manera de presentar un contenido puede cambiar radicalmente el resultado. Tal vez necesite verlo, manipularlo, representarlo gráficamente, escuchar otro ejemplo o comenzar desde otro punto.

Una referencia puede convertirse en un techo

Conocer patrones generales del desarrollo infantil es útil. Permite observar, anticipar dificultades y diseñar propuestas adecuadas, pero esas referencias pierden valor cuando empiezan a determinar de antemano hasta dónde puede llegar una persona.

Que la mayoría de los chicos todavía no realice determinada tarea a cierta edad no significa que otro chico de la misma edad sea incapaz de comprenderla. Del mismo modo, que una habilidad suela aparecer en un período determinado tampoco significa automáticamente que exista un problema cuando alguien necesita más tiempo.

La educación necesita referencias, pero también necesita flexibilidad. Los promedios describen grupos; educamos personas.

Tampoco se trata de adelantar por adelantar

Cuestionar una interpretación rígida de las etapas no significa convertir el aprendizaje en una carrera. Existen conocimientos previos necesarios, procesos de maduración y contenidos que pueden resultar demasiado complejos cuando todavía faltan herramientas para comprenderlos.

El objetivo tampoco debería ser conseguir que un chico lea, multiplique o haga álgebra lo antes posible. La pregunta que importa es qué puede aprender ese estudiante ahora y qué necesita para seguir avanzando.

Eso requiere observar sus conocimientos, intereses, fortalezas y dificultades. También implica aceptar que una misma persona puede avanzar a velocidades diferentes según el área.

La escuela organiza por edad

Nuestro sistema educativo agrupa a los estudiantes principalmente según el año en que nacieron. Después asigna a cada grado un conjunto de contenidos que deberían aprender aproximadamente al mismo tiempo.

La estructura resulta práctica para administrar un sistema educativo masivo, aunque pedagógicamente genera problemas evidentes. Cuando alguien avanza más rápido, suele tener que esperar; cuando necesita más tiempo, debe intentar alcanzar el ritmo previsto para el grupo.

En homeschooling existe una posibilidad mucho mayor de romper esa sincronización. Un estudiante puede avanzar en una materia, detenerse en otra, volver sobre una base que quedó débil o profundizar durante semanas un tema que despertó especialmente su interés.

Esa flexibilidad permite trabajar con el desarrollo real de una persona en lugar de intentar hacer coincidir permanentemente su aprendizaje con un calendario.

Podemos conservar a Piaget sin convertirlo en dogma

Piaget sigue siendo una figura fundamental para comprender el desarrollo infantil. Muchas de sus ideas continúan siendo valiosas, especialmente su concepción del niño como constructor activo de conocimiento.

Lo que merece ser revisado es el uso rígido de sus etapas para decidir qué deberían aprender todos los chicos de determinada edad. Las teorías del desarrollo pueden orientarnos, pero ninguna tabla conoce al estudiante que tenemos delante.

La edad aporta información sobre una persona, pero está lejos de definir sus posibilidades de aprendizaje. Antes de decidir que un chico todavía no está preparado para algo, vale la pena darle la oportunidad de intentarlo y observar qué sucede.

Porque la edad puede ser una referencia. Nunca debería convertirse en un currículum.

¿Alguna vez te dijeron que tu hijo era demasiado chico para aprender algo que después comprendió perfectamente? ¿O que “ya debería saberlo” simplemente por su edad? Contanos tu experiencia.

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